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Fuente: Unplash de Pixabay.com

 Primer intento de salida…con lágrimas incluidas

El viernes 19 de diciembre de 2014 llegó más rápido de lo esperado. Tal vez la ansiedad por viajar hizo que los días se me acortaran, o quizás el deseo por desprenderme de casa creó en mi cabeza una noción acelerada del tiempo. Nunca supe con exactitud qué causó tal interpretación de las cosas, de lo único que tenía certeza era que una nueva etapa como voluntario estaba cerca.

En las semanas preparativas al vuelo mi estilo de vida fue diferente. Solía hacer todas mis actividades como si estuviera en Brasil: dormía a deshoras, en las mañanas almorzaba, cenaba al atardecer y procuraba levantarme cada vez más temprano. Para evitar que la adaptación a Rio Grande do Sul fuese difícil, creé hábitos acordes a la zona horaria de la región (-3 horas GMT / UTC).

Cronología de una aventura no consumada

La jornada dio inicio a las 8 a. m., con la ceremonia de graduación de mi hermano. Nos dijeron en la entrada del reciento que el evento tardaría casi 3 horas. Siendo así, los tiempos encajaban a la perfección; presenciaría el acto hasta mediodía, comería algo ligero y tomaría el primer vuelo de la tarde con destino a Bogotá.

A las 9 se dio el primer desfile de ingenieros. Una más tarde llegó el desfile de contadores. Comienzo a preocuparme, el evento va muy lento y el tiempo apremia.

10:40 a. m. ¡Por fin! es el turno de los arquitectos.

Las cosas se normalizan y el estrés disminuye. Todos sonreímos ante los flashes de las cámaras. Mi hermano se hace en medio de todos. Sonríe mucho. Yo también lo hago al verlo tan contento. Unas tías se emocionan con el homenajeado y gritan cosas que poco entendemos. Dos fotos más y nos vamos para la casa.

11:00 a. m. Recibo una llamada de Aiesec.

El encargado de monitorear el intercambio habla mucho y entiendo poco. Pide que nos reunamos antes del viaje, dice que debe orientarme con un seminario sobre el impacto de las movilizaciones juveniles, que no puedo irme sin escucharlo, que es algo que no puede esperar, que es urgente.

Llego a su casa. Me felicita por la decisión y suelta frases como “esta será la experiencia de tu vida”. Nos sentamos en la sala y prende su laptop. En la pantalla aparece una presentación de Power Point con la historia de la organización.

Mucha publicidad después sale un diagrama de líneas titulado Shock Cultural. El gráfico constaba de solo una línea en forma de uve y 4 puntos sobresalían dentro de ella. Para el expositor eso era la representación de las emociones que iba a sentir durante los 3 meses:

–  Primero estaría motivado con toda la información nueva de la cultura.

–  Luego pasaría a estar aislado, sorprendido y hasta deprimido por las costumbres de la gente.

–  Después comenzaría a aceptar las cosas.

–  Finalmente terminaría apropiándome de elementos de los demás.

Cuando acabó con el cursillo de autoayuda y superación personal las manecillas del reloj apuntaban hacia el 12.

La ruta para llegar a Santa María

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12:30 p. m. Hora de comer algo rápido. La elección fue arroz chino.

-Transcurre 1 hora de calma-

1:45 p. m. Reviso que toda la documentación esté en orden. Tomo una ducha rápida.


2:00 p. m. Salgo para el aeropuerto.

Hago el registro de mi equipaje y pregunto a los funcionarios de la aerolínea si es posible que conecten el vuelo con el resto de la reserva, esto para no tener que recoger mi maleta en Bogotá sino en Santa María. Teclean algunas cosas y me dice que no hay inconveniente.

Me despido de mis familiares y de mi novia. Fue imposible contener las lágrimas. Abrazos van y vienen pero debían parar, la sala de abordaje número 2 me esperaba.


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2:50 p. m. Estoy en sala y empieza una leve llovizna.

2:55 p. m. La llovizna pasa a ser borrasca.

3:00 p. m. Por los amplificadores anuncian el retraso de todas las salidas. Las piernas no paran de temblar.

4:00 p. m. Para de llover y comienzan a llamar a los pasajeros clase A de la sala de abordaje número 2. Las piernas se tranquilizan, el pulso desacelera.

4:30 p. m. Todos los pasajeros del vuelo con destino a Bogotá esperamos el despegue.

4:31 p. m. Comienza a lloviznar. Hay que esperar algunos minutos.

5:20 p. m. El avión se mueve por la pista.

5:30 p. m. Inicia el despegue.


6: 00 p. m. Me recibe Bogotá con 10 grados de temperatura.

Al salir del avión, pregunto al auxiliar de vuelo si debo retirar mi equipaje, le muestro la reserva y el itinerario. Contesta negativamente. Pregunto por segunda ocasión y se mantiene en que no es necesario. Salgo de la pista y me dirijo hacia la oficina de la aerolínea para confirmar lo dicho por el auxiliar. Le contradicen y piden que reclame mi equipaje.

Por haber salido de la puerta de llegada dirigirme a la oficina de artículos rezagados. Llego allí y hay 4 personas visiblemente molestas. Un viajero proveniente de Miami pedía a gritos unos palos de golf, los otros se quejaban porque sus valijas no aparecieron en los vuelos de conexión. Muchas groserías corrieron por ese lugar.

45 minutos después encuentran mi equipaje pero advierten que la entrega tiene que hacerse en un extremo del aeropuerto. Me dan un papel con unos números. Corro hasta dicho extremo, presento el papel y me lo entregan.

A las 7:20 p. m., registro mi valija y me dirijo a control migratorio. Hay mucha gente haciendo fila.

Sello la salida de Colombia y comienzo a buscar la puerta de embarque. No la encuentro. Cuando creo estar seguro de haberla hallado me siento en una silla. Noto que hay muy pocas personas esperando para abordar, ese no era el lugar correcto.

El ritmo cardíaco se acelera y la frente suda. Aún así reinicio la búsqueda. Miro la pantalla informativa más cercana y logro identificar la puerta. Como está tan lejos de mí comienzo a correr.

8:30 p. m. Llego a la puerta de abordaje 14

En la sala solo quedaban un par de funcionarias de la aerolínea. El avión se fue sin mí. Las señoritas me acompañan conducen hacia la salida. A las 8:45 p. m. Sellan mi pasaporte de entrada.

La aerolínea pide ver mi reserva. Se las muestro e intentan programar el viaje para el siguiente día. Argumentan que los códigos de vuelo son de una agencia alemana, no de ellos. Me sugieren que hable directamente con los responsables de venderme la reserva. Por lo pronto debía recoger el equipaje.

Llego a reclamarlo en las oficinas correspondientes, pero esta vez hay pocos groseros a la vista. Los encargados me reconocen. Les digo lo que sucedió y comienzan a radiar la maleta. Intercambian miradas mientras sigo a la expectativa.

A las 9: 50 p. m me notifican: no era posible darme el equipaje porque estaba a 10 mil metros de altura, iba dentro del avión rumbo a São Paulo.

Con otra preocupación más en la cabeza, una señora me ofrece servicio de hospedaje mientras logro solucionar los impases del vuelo. Sin más por hacer en el aeropuerto, paso la noche en su pequeño hotel.

Continúa la próxima semana.

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About the author

Jhonattan Sarmiento

Aquí se replican historias, relatos, opiniones e investigaciones poco conocidas.

¿Por qué somos testarudos? Porque queremos ser libres pero amamos las cadenas.

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