La iniciación Hare Krishna: el segundo nacimiento

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La iniciación Hare Krishna: el segundo nacimiento es una continuación de Los mensajeros de las Naciones Unidas del Espíritu

Antes de la iniciación Hare Krishna, bajamos a comer. Los 10 mil pesos que dimos en la entrada sirvieron para costear un almuerzo de arroz con verduras y algo que parecía tofu asado. Luego todos bajamos a almorzar porque creían que ya habíamos comido. Los discípulos sacaron una mesa de madera de unos tres metros de largo. Allí dejaron montones de vasos y platos plásticos recién lavados. Al lado de los utensilios reposaban dos ollas con la comida.

Nos formaron en dos filas: una para hombres y otra para mujeres. Conforme nos acercábamos, íbamos tomando platos, vasos y cubiertos antes de llegar a la cocinera que servía. Cuando llegó mi turno, me sirvió con una agudeza que me hizo botar la mitad del arroz. “Lo siento mucho” dijo la mujer mientras se disponía a tomar otra ración para mí. Ella era de piel morena y mirada sumisa.

La recordaba porque ella rompió en llanto con tan solo sentir un abrazo del Swami Paramadvaiti. Para tomar me dio una bebida anisada con un sabor insípido. Pese a su color marrón, su sabor no despertaba muchas emociones, aunque algunas veces sentía como si la lengua estuviera a punto caer dormida.

Comimos al pie del Truly de colores y, sin quererlo, terminé escuchando que, según un devoto de tono parco, que la maloca se había construido principalmente porque en esta región existía una cultura de respeto por las tradiciones indígenas, producto del aumento en el consumo de yagé, un té espeso elaborado a base de Ayahuasca y cuya naturaleza alucinógena llevan a las personas a vivir trances y choques emocionales debido a una fuerte alteración del estado de consciencia.

El devotó siguió dialogando mientras los demás escuchaban atentos. En algún momento interrumpió el fotógrafo que habían contratado para documentar el evento. “Eso es un doping”, dijo en términos peyorativos sobre el consumo de este brebaje. “Es un engaño y un negocio”, replicó el devoto para después decir que los lotes de la hacienda tenían un valor aproximado de 10 mil dólares y que la intención de la hermandad era poder expandir el terreno mucho más.

En esas apareció un hombre vestido con ropas blancas (como su cabello) y propuso otro tema de discusión. Para él, los budistas son ateos porque “no creen en dioses sino personas”.

– Yo viví durante seis años en India como médico. Puedo decir que el budismo no basa sus creencias en un ser omnipotente y omnipresente. Ellos son ateos – decía entusiasmado aquel hombre que reflexionaba con la mirada perdida hacia el horizonte. “Es posible crear endiosamientos personales sin profesar devoción en imágenes o individuos ajenos al propio ser”, remató.

Después vino un concierto. Primero cantaron sobre Krishna y luego sobre la madre tierra, el gurú, con cuatro en mano, cantó un par de tonadas. Transmitía emociones eléctricas. La gente gritaba, cantaba y saltaba exaltada de alegría.

Cuando llegó el turno para los cantos hacia la pacha mama, la gente se fue apartando hasta quedar unos pocos delante del cantante. Era un hombre de barba abundante que lucía un sombrero de paja con pluma en un costado. Declamó sobre la naturaleza, la convivencia armónica de las creencias espirituales, y hasta de un cóndor que volaba lejos hasta perderse en el aire. Siempre hablaba de esa ave. Lo hacía en tono jocoso cuando le solicitaban alguna canción de la que no se supiera la letra. Nadie daba razón de Lwntana.

Iniciación Hare Krishna: el segundo nacimiento

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“El maestro espiritual no impone la verdad; él expone sus instrucciones y sólo cuando en nuestro corazón despierte el agradecimiento y el deseo de servir a Dios a través del servicio a este maestro espiritual, seremos aptos para pedirle la iniciación” B.A. Paramadvati Swami.

Todo cambió. La música se detuvo y la gente comenzó a concentrarse afuera del Truly. A Paramadvaiti le adaptaron un sillón de madera a unos pocos metros de los demás. Allí permaneció descalzo en compañía de un fiel de acento bogotano. Luego el mamo apareció y tomó asiento al lado del alemán.

La iniciación estaba a punto de comenzar. En su texto sobre las treinta razones para aceptar un maestro espiritual, Paramadvati dice que, sin la misericordia de un representante genuino de Dios, estaríamos totalmente perdidos bajo la influencia de la pasión y de la ignorancia.

En medio de la multitud adaptaron su centro de devoción. Allí ubicaron un montículo con arena, contenido por ladrillos, al que acompañaron de arreglos frutales. Sobre los extremos había bananos, cocos, piñas, y naranjas. Cada iniciado tenía un puñado de arroz contenido en una hoja de plátano y su propio banano maduro.

Encima de la arena sobresalía una figura con forma de esvástica y no pude dejar de preguntar a los organizadores cuál era el significado de ese símbolo. Sri Krishna, la autoridad máxima de los Vedas, dice en el Bhagavadgita (4.34): “Tan sólo trata de aprender la verdad acudiendo a un maestro espiritual. Hazle preguntas de un modo sumiso y ríndele servicio. Las almas autorrealizadas pueden impartirte conocimiento, porque han visto la verdad”.

– ¿Por qué hay una esvástica allí?

– Porque es un símbolo védico que significa “auspicioso”. El pie derecho de Krishna posee cuatro cruces. La cruz posee un significado diferente según el movimiento que realice.

– ¿Y qué opina del uso que le dieron los nazis?

– Lamentablemente ellos le dieron una representación negativa y autoritaria. El maestro espiritual puede liberarnos del karma (las reacciones de nuestro pasado), el cual obstaculiza nuestro progreso, e imposibilita una verdadera vida espiritual.

– ¿Piensan que pueden relacionarlos con el nazismo?

– Tal vez haya personas que en medio de su ignorancia crean que existe una relación. Nosotros sabemos que el término viene del sánscrito y representa el bienestar.

– ¿Hasta qué punto?

– La esvástica puede ser empleada por médicos hindúes con fines sanatorios. Nuestra fe nos deja ver su significado original, el verdadero. Tenemos la inclinación a cometer errores y el maestro espiritual nos puede corregir y proteger.

En Los tres símbolos de la nada, Hiram Castro Elías dice que “Shiva, el regenerador, rige la esvástica que gira hacia la derecha y Vishnú, el conservador, hacia la izquierda. Por lo que no resulta extraño que la esvástica girando en ambas direcciones constituya una adecuada representación pictográfica de π”.

El ritual inició con hombre de lentes y sombrero angosto. Él guiaría a los iniciados en todo el proceso, enseñándoles a orar sin blasfemar. Lo secundaba la voz líder en la apertura de la maloca. Se ubicaron en el centro de espaldas al Truly. El maestro espiritual nos instruye sobre cómo participar en la adoración de la deidad del Señor supremo, como también en lo relacionado con la ejecución de sacrificios y ceremonias védicas. Los seguidores circundaban a sus guías absortos a lo que dijeran.

Los recién iniciados vestían completamente de blanco y bordeaban las ofrendas. El maestro espiritual nos inicia como brahmanas. Todos tomaron un puñado de arroz y aguardaron por el inicio. La iniciación Hare Krishna se organizaba por etapas. Para algunos era la segunda, otros en cambio, recién comenzaban este camino. Aparte un par de niñas vestidas de púrpura y que no superaban los trece años, tomaron lugar del encuentro. A través de la rendición a un maestro espiritual genuino uno encuentra su verdadero padre, amigo, bienqueriente, guardián y ejemplo para seguir.

A un lado se ubicaron unas mujeres que vestían prendas blancas y azules. Las llamaban “las castas”, mujeres de facciones delicadas que lucían albas como muestra de su renuncia a “los placeres carnales”. Habían tomado una decisión personal de mantenerse abstemias. El sexo debe ser solo para la procreación sagrada, como Krishna indicó en el Bhagavad Gita. Eran de distintas nacionalidades. De ellas percibí acentos colombianos, argentinos, venezolanos y brasileros. Sólo el maestro espiritual puede sembrar la semilla del amor (Bhakti) y el mantra en nuestro corazón.

Por la misericordia del maestro espiritual, hasta una persona de nacimiento muy bajo puede recibir la gran honra de entrar en el grupo de aquellos que se dedican desinteresadamente a ayudar a los demás.

El hombre del sombrero angosto comenzó a rezar con su ayudante la oración mística: HARE KRISHNA HARE KRISHNA KRISHNA KRISHNA HARE HARE HARE RAMA HARE RAMA RAMA RAMA HARE HARE. (“Oh mi Señor, por tanto tiempo anduve perdido en el mundo del egoísmo por favor acéptame como tuyo y permíteme servirte”).

Poco a poco decían a los iniciados lo que debían de hacer: señalarse la cabeza, apuntar hacia su corazón, hacia la deidad (en el Truly) y hacia el gurú, luego apuntaron hacia los puntos cardinales y sus diagonales. Lo hacían con los dedos meñique, anular y pulgar unidos en sus extremos. Índice y corazón permanecieron erguidos, como el símbolo de la paz.

Cada vez que se terminaba un rezo, el líder de la ceremonia invitaba a los iniciados para que lanzaran arroz, y un poco del banano maduro, al fuego. Los iniciados ofrecen la comida con una oración especial a su maestro espiritual. “tírenlo al fuego, apunten bien, porque hay veces en los que termino todo lleno de arroz en la cabeza”, dijo en forma de broma el guía. uno ofrece su comida a Dios a través del maestro espiritual.

Así continuaron orando, señalando, lanzando comida. A esta iniciación Hare Krishna se la llama “el segundo nacimiento” porque su propósito es despertar las buenas cualidades de los iniciados.

Al final de la vida, tales iniciados sinceros dejan el mundo y el cuerpo material, pensando en el santo nombre de Dios. Ellos no vuelven a nacer en el mundo material, van directamente al mundo espiritual a servir a Dios eternamente.

Cuando el ritual estaba por terminar, y el cielo se fue cubriendo, me acerqué al Swami para tomarle algunas fotografías. Él permaneció sentado con la cabeza agachada. Su fiel acompañante de acento bogotano tenía una mirada como si sus ojos se fuesen a salir de sus cavidades. Al percatarse de que le estaba tomando fotos al gurú mientras meditaba, él hizo lo mismo: junto sus manos, agachó la cabeza y se mantuvo inmóvil.

El fiel de acento bogotano y mirada peculiar no aguantó más y me hizo un gesto para que me acercara. De frente a él separó las manos, metió una en el bolsillo de su pantalón y sacó un Iphone. No sabía si quería que captara la iniciación Hare Krishna de los nuevos devotos o que le tuviera el celular, después entendí que me pedía en silencio que le tomara una foto mientras meditaba al lado del gurú. Eso hice. Tomé tres fotos y le devolví su celular.

El gurú alzaba la cara en algunos momentos, pero como veía mi cámara apuntando hacia él la bajaba nuevamente. Luego noté como gurú y discípulo siguieron cabizbajos por unos minutos, uno esperando que me retirara con mi cámara, y el otro mirando las tres fotos de su Iphone.

Después de ver esto decidí volver al ocaso del ritual. Quienes se iniciaban por segunda vez comenzaron a dejar en una fogata, que tenía la esvástica naranja, unos bananos que despertaron una bocanada de humo con un aroma erótico. Los que lo hacían por primera vez lanzaron los últimos granos de arroz al fuego.

A eso de las seis de la tarde acabó el ritual. Lwatana no intervino más, y el gurú se adentró en el Truly. No volví a ver ni al gurú ni al mamo. Sabía que no había nada más que observar, era tiempo de regresar a Cúcuta.