Las mentiras de AIESEC

Aiesec no nos dijo toda la verdad. Mintió al convencernos de tener un hospedaje con familias brasileras. Mintió porque nos pidió dinero para pagar los gastos de la pensión. Mintió, especialmente, porque fue justo cuando llegamos, que nos dijeron a los intercambistas que los proyectos iniciarían tal vez la primera semana de enero.

Para completar los lamentos, no tenía dinero para comprar comida porque mi tarjeta había sido bloqueada por un “movimiento irregular en la cuenta”. Odiaba a todo el sistema financiero con ganas, con muchas ganas.

Pero había algo más molesto que eso. Al vivir en la pensión teníamos que ser autosuficientes, y eso no me preocupaba. Mi angustia, justificada desde cualquier punto de vista, iba encaminada a la alimentación que nos aseguraron antes de viajar. Recuerdo que cuando hice la inscripción al programa hablaron de al menos una comida diaria, probablemente el almuerzo. Pero nada, no teníamos nada. Solo habían mentiras de AIESEC.

En la cocina había estantes con algunos alimentos, pero pertenecían a otros huéspedes y no se podía tocar nada. Confieso que un par de veces, más por el dolor de tripas que por otra cosa, le robé un poco de jugo de naranja a un vecino que todos los días salía muy temprano con uniforme militar. El refresco sabía tan mal que me daba la impresión de estar tomando remedio contra la gripa.

Después de eso no volví a robarle al militar, salvo cuando tomaba agua del grifo con unas cucharadas de su azúcar, aunque el dolor de estómago y la diarrea eran inevitables.

Fue entonces cuando les solicité a los miembros de AIESC implementos de cocina para al menos hervir el agua que beberíamos. Piscilla dijo que nos entregarían panelas y eso reconfortó mi desdicha. Los colombianos estamos acostumbrados a cocinar con este dulce elaborado con el jugo de caña de azúcar que sirve para darle sabor a bebidas frías y calientes.

Nos entregaron una olla a presión sucia y dos sartenes cubiertas de grasa blanca, aquella que se forma cuando el aceite se deja reposar por mucho tiempo y no se retira con premura. Cuando pregunté por las panelas señalaron a la manteca aceitosa. En ese momento aprendí que la palabra panela traduce -del portugués- olla de cocina.

Hervíamos el agua en la olla a presión, y aunque supiera a aceite, era mejor que beberla del grifo…

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Jhonattan Sarmiento

Aquí se replican historias, relatos, opiniones e investigaciones poco conocidas.

¿Por qué somos testarudos? Porque queremos ser libres pero amamos las cadenas.

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